
Como cada año y coincidiendo con el buen tiempo, el sol, el calor y las necesidades fisiológicas, los mensajeros de playa, salen por tiempos y como en procesión, con sus pensamientos de color blanco y con ánimo de depositar entre las rocas sus preciados caldos genéticos.
Ora paseando, ora estáticos otean el horizonte en busca de otros receptivos mensajeros con ganas de intercambiar miradas y rápidos deseos... ya que posiblemente las palabras sean lo de menos.
Cada mensajero lleva consigo una historia interminable y un sueño que poner en práctica allá donde pueda ser bien recibido. Sin brusquedad, con respeto... y diría más, con amor lanzan sus mensajes subliminales a modo de anzuelo para poder llegar a culminar sus deseos que desde hace dos o más días guardan muy dentro de sí mismos para esa ocasión. La gran ocasión de la entrega del mensaje.
No siempre es todo tan romántico ni elegante, en ocasiones los mensajeros pierden la compostura y con miembro erecto y sin toalla que guarde su mensaje, aparecen raudos y veloces de entre las rocas salvajes de las playas en busca de algun mensajero que por error, cansancio o desesperación intenta hacer su propia entrega...
Sencillamente, por que la vida es bella...
