Que acertado estuvo Monet cuando captó con sus pinceles los cientos de paisajes que pasaron por delante de su objetivo... en aquella época de su mirada. Entre ellos tituló uno llamado Las Amapolas. Un paisaje que tuvo que pintarlo en un tiempo limitado por que se le iba.
Al igual que se nos van ahora a nosotros, cientos de paisajes que posiblemente pasan desapercibidos ante nuestros ojos... Paisajes que deben ser contemplados con admiración ya que son obras de arte con caducidad, por que en definitiva es el museo itinerante que nos da la vida...
Cientos de rincones que deberíamos buscar por todas las salas de nuestro museo vital y capturar con nuestros nuevos pinceles pixelados, obras inéditas y únicas para poder crear un gran museo, el museo de la vida, de los escenarios y del color...
Esta publicación, va dedicada a todos aquellos pintores que fueron capaces de ofrecernos sus capturas artesanas en unos lienzos de tela para darnos a conocer aquellas salas de sus particulares museos de color que solo ellos pudieron ver, reconocer y transmitir a todos los que hoy día admiramos el impresionismo de la vida.


