En algunas zonas de Catalunya, han empezado a crear pueblos de diseño. Pueblos preparados muy especialmente para el nuevo turismo que sin darnos cuenta, ya está de moda entre nosotros.
Los pueblos están siendo preparados de manera que el turista de paso o que quiera alojarse unos días lo encuentre todo perfecto, de manera que cualquier rincón pueda ser una foto. Casi como escenarios de teatro y con un toque muy rural pero sin el auténtico olor a estiércol.
La idea es que el turista vaya de visita a estos pueblos, haga mil fotos, pueda pasear como visitando un museo dedicado al campo, tenga donde comprar un recuerdo o un chorizo supuestamente casero y todo seguido comer en alguno de los restaurantes con ambiente rural donde una cocina de mercado y sobre todo de la comarca pueda ayudar a encontrarse con ese ambiente pueblerino elegante que tanto busca el turista de ciudad... donde el caminar por las calles del pueblo les pueda hacer sentir el aroma de campo con la ayuda de algunos adornos de cerámica, maiz seco, capazos de mimbre y algún que otro apero de labranza antiguo y situado de forma estratégica para completar la idealización de una vida falsa en el campo pero que el turista se la va a tragar de canto... ahh y sobre todo ...que se deje la pasta.
Pueblos como Palau-Sator, Sant Feliu de Boada, Peratallada, etc... son los nuevos puntos y destinos del turismo rural encubierto.
Pueblos de diseño preparados para que el turista se deje la pasta...


No hay nada como la realidad… estos pueblos de diseño me recuerdan al “pueblo español” de Barcelona. Sí es todo muy guapo, pero al final es todo una fachada y te llevas una decepción (sin desmerecer al pueblo español, solo es un ejemplo) por que no encuentras esa “alma” que los pueblos de verdad tienen en su interior.