Qué bien suena decir plaza de abastos... tiene sabor a pasado. Cuantos colores, sabores y olores se concentran en una plaza de abastos o mercadillo de pueblo. Que gran lienzo con vida propia se podría pintar a cada paso, sorteando cajas de fruta, carros y comerciantes.
Los mercados son aquellos lugares que todavía conservan la idea primitiva del intercambio, toda una puesta en escena magnífica, creada de una forma natural durante mil años y que aún perduran en los tiempos modernos que vivimos.
Sensaciones que te van a transportar casi seguro a una infancia ahora ya lejana y que con pinceladas fáciles podemos conseguir ese boceto rápido de uno mismo cojido de la mano de Mamá y mirando siempre atónitos a todo el trajín que allí se cocía... una carrera fugaz de un gato, o unos hielos en el suelo dejando un recorrido delator envuelto en aromas de un mediterráneo marinero... , mil colores brillantes entre los que destaca el bermellón de unos pimientos apilados con elegancia en aquellas cajas de madera... diría que nobles.
Cuantos recuerdos y todos ellos comprimidos en cualquier mercado o plaza de abastos



Que razón llevas Beregord… es verdad en Austria conocimos unos mercados o mejor dicho mercadillos espectaculares… me apasiona lo auténtico. Un saludo
Sin ser tan poetico, la verdad es que me encanta ir a cualquier ciudad y pasear por sus mercados y plazas de abastos… en especial me gustó uno de los mercados en Viena al lado del río, con miles de colores creados por las frutas y las flores que allí se vendían…