
Siempre he sabido, aún sin querer reconocerlo, ya que me niego a reconocerlo, que damos más valor y respeto a aquello que nos causa un cierto temor.
Temor y pedestal siempre han ido cogidos de la mano. Es más, me atrevería a decir, que es garantía de éxito. En todos los estamentos, en la naturaleza, en la vida, etc,... lo más temido, el más temido, siempre ocupa los lugares más altos... en definitiva es el que sobrevive.
Ese empeño milenario, esa puta mania de hacer el bien sin mirar a quien ¿a que obedece?, ¿a que responde? que bajeza antinatural tener que someternos a eso.
Sigo sin entender ¿por qué cuando alguien se comporta de una forma malévola o perversa, con afán y codicia nos llevamos las manos a la cabeza? Acaso ¿no es lo natural?
Ese afán de las religiones por querer remar contra corriente sobre algo que seguro llevamos impreso en nuestra genética animal. Ese toque de maldad que interiormente nos asalta y que responde por completo a un estado puro de supervivencia.
Una vez más, ponemos de manifiesto como seres humanos la capacidad de poder llevar la contraria a la esencia de la vida... La supervivencia.
