Dos grandes grupos de personas habitan este ilustre planeta. Cada uno de ellos con unas connotaciones bien distintas y me atrevería a decir que incompatibles por naturaleza.
Los celestiales... por su serenidad y quietud, no dejando nunca escapar un sentimiento o sensación de vida. Electrizantes con su mera presencia, con poros receptivos y capacidad para transmitir campos magnéticos interminables. Con un lugar recóndito en sus mentes para poner freno en cualquier momento a la inercia vital. Sensibles y frágiles por naturaleza y sentimentales por cultivo.
Los terrenales... por su inquietud y nerviosimo, prescindiendo en todo momento de lo etéreo y de lo más elemental de la vida. Aburridos con su presencia, con mente dispersa y poco evolutiva. Capacidad para una vida simple provocada por la inercia de la misma. Pensamientos planos y continuados como un infinito numérico. Asperos por naturaleza y groseros por cultivo.
... un gran dilema con los seres humanos. ¿verdad?


Que reflexión más profundamente trascendental y sincera. Y, aseguraria, salida de lo más hondo de un espiritu celestial; O mejor dicho, de este pequeño grupo de personas que habitan el planeta y pasan casi desapercibidos, a pesar de su brillantez.